Msc. Karla Mayorga
Psicóloga
VIOLENCIA DE GÉNERO
Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada (Artículo 1 de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Naciones Unidas, 1994).
Tipos de violencia.
·
Física. La violencia física es aquella que puede ser percibida
objetivamente por otros, que más habitualmente deja huellas externas. Se
refiere a empujones, mordiscos, patadas, puñetazos, etc. causados con las manos
o algún objeto o arma. Es la más visible, y por tanto facilita la toma de
conciencia de la víctima, pero también ha supuesto que sea la más comúnmente
reconocida social y jurídicamente, en relación fundamentalmente con la
violencia psicológica.
·
Psicológica. La violencia psíquica aparece inevitablemente
siempre que hay otro tipo de violencia. Supone amenazas, insultos,
humillaciones, desprecio hacia la propia mujer, desvalorizando su trabajo, sus
opiniones... Implica una manipulación en la que incluso la indiferencia o el
silencio provocan en ella sentimientos de culpa e indefensión, incrementando el
control y la dominación del agresor sobre la víctima, que es el objetivo último
de la violencia de género.
·
Dentro de esta categoría podrían incluirse otros tipos de violencia que llevan
aparejado sufrimiento psicológico para la víctima, y utilizan las coacciones,
amenazas y manipulaciones para lograr sus fines.
·
Se trataría de la violencia “económica”, en la que el agresor
hace lo posible por controlar el acceso de la víctima al dinero, tanto por
impedirla trabajar de forma remunerada, como por obligarla a entregarle sus
ingresos, haciendo él uso exclusivo de los mismos (llegando en muchos casos a
dejar el agresor su empleo y gastar el sueldo de la víctima de forma
irresponsable obligando a esta a solicitar ayuda económica a familiares o
servicios sociales).
·
También es habitual la violencia “social”, en la que el
agresor limita los contactos sociales y familiares de su pareja, aislándola de
su entorno y limitando así un apoyo social importantísimo en estos casos.
·
Sexual. “Se ejerce mediante presiones físicas o psíquicas que
pretenden imponer una relación sexual no deseada mediante coacción,
intimidación o indefensión” (Alberdi y Matas, 2002). Aunque podría incluirse
dentro del término de violencia física, se distingue de aquella en que el
objeto es la libertad sexual de la mujer, no tanto su integridad física.
CICLO DE LA VIOLENCIA FÍSICA.
Lenore
Walker definió el Ciclo de la violencia a partir de su trabajo con mujeres, y
actualmente es el modelo más utilizado por las/los profesionales.
El ciclo
comienza con una primera fase de:
- Acumulación de la Tensión, en la que la
víctima percibe claramente cómo el agresor va volviéndose más susceptible,
respondiendo con más agresividad y encontrando motivos de conflicto en cada
situación.
La segunda
fase supone:
El Estallido de la Tensión, en la que la
violencia finalmente explota, dando lugar a la agresión.
En la
tercera fase:
Denominada
“Luna de Miel” o Arrepentimiento, el agresor pide disculpas a la víctima, le
hace regalos y trata de mostrar su arrepentimiento. Esta fase va reduciéndose
con el tiempo, siendo cada vez más breve y llegando a desaparecer. Este ciclo,
en el que al castigo (agresión) le sigue la expresión de arrepentimiento que
mantiene la ilusión del cambio, puede ayudar a explicar la continuidad de la
relación por parte de la mujer en los primeros momentos de la misma.
Este ciclo
pretende explicar la situación en la que se da violencia física, ya que la
violencia psicológica no aparece de manera puntual, sino a lo largo de un
proceso que pretende el sometimiento y control de la pareja.
CONSECUENCIAS PSICÓLOGICAS PARA LA
MUJER MALTRATADA.
El
síndrome de la mujer maltratada, según Walker y Dutton se define como una adaptación
a la situación aversiva caracterizada por el incremento de la habilidad de la
persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de
presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o
disociación; por el cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al
mundo. También pueden desarrollar los síntomas del trastorno de estrés
postraumático, sentimientos depresivos, de rabia, baja autoestima, culpa
y rencor; y suelen presentar problemas somáticos, disfunciones sexuales,
conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales.
Enrique
Echeburúa y Paz del Corral equiparan estos efectos al trastorno de estrés
postraumático, cuyos síntomas y características, sin duda, aparecen en algunas
de estas mujeres: re-experimentación del suceso traumático, evitación de
situaciones asociadas al maltrato y aumento de la activación. Estas mujeres
tienen dificultades para dormir con pesadillas en las que reviven lo pasado,
están continuamente alerta, híper vigilantes, irritables y con problemas de
concentración.
Además, el alto nivel de ansiedad
genera problemas de salud y alteraciones psicosomáticas, y pueden aparecer
problemas depresivos importantes.
Desarrollo del síndrome de la mujer
maltratada
Marie-France
Hirigoyen diferencia entre dos fases en las consecuencias, las que se
producen en la fase de dominio y a largo plazo.
En la
primera fase, la mujer está confusa y desorientada, llegando a renunciar a su
propia identidad y atribuyendo al agresor aspectos positivos que la ayudan a
negar la realidad. Se encuentran agotadas por la falta de sentido que el
agresor impone en su vida, sin poder comprender lo que sucede, solas y aisladas
de su entorno familiar y social y en constante tensión ante cualquier respuesta
agresiva de su pareja.
Marie-France
Hirigoyen habla de consecuencias a largo plazo refiriéndose a las etapas por
las que pasan las víctimas a partir del momento en que se dan cuenta del tipo
de relación en la que están inmersas. Durante esta fase, las mujeres pasan un
choque inicial en el que se sienten heridas, estafadas y avergonzadas, además
de encontrarse apáticas, cansadas y sin interés por nada.
TRATAMIENTO
En muchas
ocasiones es necesaria una intervención previa, que la mujer pase por un
período de reflexión y quizá varios intentos de salir de esa relación violenta,
con ayuda terapéutica o sin ella, hasta que tome la decisión definitiva. A
partir de entonces, el apoyo psicológico se centrará en varios aspectos,
valorando previamente las necesidades y demandas individuales de cada paciente.
Se debe
evaluar cuáles han sido las secuelas concretas que ha dejado la situación
vivida en esa persona, y graduarlas para establecer un orden para el
tratamiento.
Algunas de
las intervenciones más habituales y básicas para su recuperación serían:
- Información sobre la violencia de género,
causas y origen, mitos, etc.
- Reducción de la activación y la ansiedad
en las formas en que se manifieste (insomnio, agorafobia, crisis de
pánico, etc.)
- Fomento de la autonomía, tanto a un nivel
puramente psicológico, a través de un cambio de ideas distorsionadas sobre
sí misma y el mundo, como a nivel social, económico, etc. orientándola en
la búsqueda de empleo, recuperando apoyos sociales y familiares…
PREVENCIÓN
El
principal camino para acabar con la violencia de género es la prevención. Esto
incluye, por supuesto, un cambio global en la forma de ver las relaciones entre
mujeres y hombres, un cuestionamiento de los roles sociales y estereotipos, del
lenguaje, etc. Estos cambios deben partir de las personas adultas con el
objetivo de que se transmitan eficazmente a niños y niñas.
Además, tu
puedes prevenir y evitar implicarte en una relación que puede llegar a ser
violenta:
·
En primer lugar, detectar manipulaciones, aproximaciones no solicitadas,
desconfiar de promesas que no tienen sentido en un momento de la relación,
tener claro que decir que “no” a algo no es negociable, alejarse cuando esa
persona que se te acerca tratando de hacerte ver que tienes mucho en común o
que le debes algo. Para todo esto es muy importante confiar en tu intuición, en
las sensaciones de desasosiego que te producen. Cuando conoces a alguien le
evalúas igualmente, valoras si esa persona encaja contigo; solo es importante
que a partir de ahora incluyas también estos puntos si quieres prevenir
encontrarte en una relación violenta. Valora sus ideas sexistas, cómo fueron
sus relaciones anteriores (si rompió él o no, cómo habla de ellas…), etc.
·
Además, valora tus propias ideas respecto al amor y la pareja, el papel de la
mujer en la misma, a qué se debe renunciar por amor.. etc.
·
Y ante todo, conociéndote a ti misma y teniendo claros tus valores. Si los
valores de la otra persona entran en conflicto con los tuyos, debes saber
reconocerlo y no aceptar en ningún caso renunciar a aquello que es importante
para ti.

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